TRUJIMANES - Inauguración de la REVISTA DIGITAL



  • Trujimán, trujamán, dragomán… No, no son las nuevas creaciones de la DC cómics o la Marvel, si bien sí puede decirse que hacen referencia a sujetos con una superhabilidad. Con estos curiosos nombres se designaba hace siglos a la persona que hacía posible la comunicación entre dos o más individuos con lenguas distintas, es decir, al intérprete. Y quizá algo de divino se veía en esta práctica, que en la antigua Grecia recibió el nombre de “hermenéutica” por el dios mensajero Hermes.

    La interpretación: una práctica que existe desde tiempos inmemoriales y que, no obstante, sigue siendo la hermana olvidada de la traducción. Al desarrollo de esta disciplina se consagra Interprétame, una plataforma diseñada exclusivamente para el entrenamiento y la formación de profesionales. Con esta entrada, en la que nos permitimos coquetear con el autobombo antes de echar la vista atrás para sobrevolar brevemente los orígenes de la figura del intérprete, queda inaugurada nuestra REVISTA DIGITAL, una sección desde la que queremos dar visibilidad a la interpretación y voz y voto a todos los agentes que participan de su ejercicio.

    La interpretación es un ejercicio que existe desde mucho antes que la traducción; sin embargo, su estudio está todavía en pañales si lo comparamos con la larga tradición de la disciplina traductológica. El carácter efímero de la interpretación hace que sea mucho más difícil rastrear sus orígenes; esta praxis no deja huellas. Se cree que la referencia más antigua a la figura del intérprete podría ser un bajorrelieve de la tumba del faraón Horemheb (sucesor de Tutankhamon) que data, aproximadamente, del 1350 a.C. En él se ve la figura desdoblada de un intérprete que inclinado hacia la izquierda escucha a embajadores asirios y libios e inclinado a la derecha transmite el mensaje a Horemheb.

    La labor de muchos intérpretes ha sido clave para el desenlace de muchos acontecimientos. En sus comienzos, los gobernantes requerían de los intérpretes durante campañas bélicas, en negociaciones diplomáticas o en el comercio. La religión fue también otro de los campos en los que se desarrolló está práctica; por ejemplo, había monjes que traducían los textos sagrados en directo durante los servicios.

    Pese a que infinidad de nombres que han contribuido al curso de la historia quedarán para siempre en el anonimato, muchos otros han conseguido llegar a los libros y son estudiados como referentes. Por ejemplo, la Malinche. La Malinche fue una mujer azteca regalada como esclava a Hernán Cortés, de quien fue intérprete y amante. Marina, como también era conocida, desempeñó una labor decisiva durante la colonización porque hablaba el náhuatl, la lengua de los mexicanos, a quienes Cortés quería conquistar. Traducía los complicados discursos en español sobre los fundamentos del cristianismo y el vasallaje que los indios debían a Carlos V e hizo posible las conversaciones entre el gobernante del imperio mexica (o azteca) y Cortés. Los hay que alaban su trabajo mientras que otros consideran que traicionó a los aztecas y algunos que no fue más que una víctima. Sea como sea, lo que no puede negarse es que esta figura evidencia la importancia de los intérpretes en el curso de la historia.

    Otro intérprete también polémico es el político y diplomático Eugen Dollmann, que ofreció sus servicios a Hitler. El primer discurso que tradujo del dictador en una conferencia dirigida a jóvenes italianos fascistas fue decisivo para conservar su puesto. Estaba previsto que el discurso iba a ser breve, pero el Führer habló durante más de media hora y el intérprete no había anotado nada. Así, cuando llegó su turno, Dollmann improvisó sin notas un discurso que no tenía nada que ver con el original, pero que, por suerte para él, fue igual de aplaudido. Sin entrar en temas éticos o ideológicos sobre el contenido de los discursos, este caso ejemplifica el temple y la capacidad de reacción y adaptación rápida que ha de tener un intérprete para salvar cualquier dificultad que pueda aparecer durante el desempeño de sus funciones.

    Para acabar, otro intérprete muy famoso que es una pieza fundamental para la historia de la interpretación es Paul Mantoux. Este historiador francés hizo de intérprete para los Aliados en la Conferencia de París tras la IGM, en 1919. Hasta entonces, la interpretación no se había considerado como una profesión propiamente dicha ni como un campo merecedor de estudio. Esto cambia a raíz de la excelente labor que Mantoux realizó durante la conferencia, que generó interés en la investigación científica del campo y contribuyó a la profesionalización del intérprete. A finales del s.XX se llevaron a cabo las primeras iniciativas de enseñanza de intérpretes y los profesionales se incorporaron a organizaciones internacionales como la Sociedad de Naciones o la Organización Internacional del Trabajo. De Mantoux se ha dicho que era capaz de interpretar sin ayuda de notas discursos de más de una hora, una proeza envidiable que muchos de nosotros nos tendremos que conformar con admirar.

    Los juicios de Núremberg es otro de los hitos históricos que no puede obviarse si de interpretación se habla. Pero estos procesos, que dieron lugar al afianzamiento de la interpretación simultánea como modalidad de interpretación de conferencias, merecen una entrada aparte.

    ¿Te atreves a escribir esa entrada? ¿Te gustaría rendir tributo a algún otro intérprete en particular? ¿Has leído alguna noticia de interés para la comunidad? Si tienes algo interesante que contar o te gustaría abrir debate sobre ese tema que te preocupa, compártelo en esta sección. La REVISTA DIGITAL es un espacio diseñado exclusivamente para darnos voz.



  • ¡Me encanta el artículo, @alba!


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